lunes, 17 de mayo de 2010

Una copa más

- Por cierto, ¿puedo invitarte a una copa?
- Me apetece mucho tomármela, pero no te garantizo que vaya a pasar nada más.
- Prefiero que no me garantices que vaya a pasar nada más a que me garantices que no pasará nada más.

domingo, 16 de mayo de 2010

Mi primera flashmob

Ayer por la noche se celebró una iniciativa europea llamada La noche de los Museos. Barcelona se sumó a dicha iniciativa abriendo gratuitamente las puertas de una buena muestra de ellos. En los días previos empezó a aparecer un movimiento en las redes donde se proponía realizar las 00:00, en algunos de ellos, una flash mob. Un freezzer. 200 personas congeladas en alguna posición durante 3 minutos. A mi me pilló en el MACBA, y me pareció realmente acojonante la cantidad de gente que eramos.


Que no me habéis visto? Volved, volved... soy un punto lila, a mano derecha... :)

sábado, 15 de mayo de 2010

De este lado del silencio: Suerte

Publicado originariamente en Fotolog, el 25 de Mayo del 2007


La verdad es que estoy empezando a estar un poco quemado con eso de que todo el mundo me recuerde la suerte que tengo o he tenido, la fortuna de todo tipo que veleidosa me acompaña, mi feliz regreso al mundo, mi diestro capotazo a la muerte. Y estoy empezando a estar harto porque, entre otras cosas, si alguien sabe, conoce, siente cuál es mi suerte, ése precisamente soy yo.

Sí, yo tuve, tengo, tendré suerte, mucha suerte: Suerte. La suerte de escuchar en derredor a cada momento las palabras inconexas de la gente; la suerte de entornar lentamente los párpados y observar las filigranas de la luz solar tamizandose a través del raido telon de las pestañas; la suerte de correr tirirando de frio por las calles entre los autos, y entrar en un bar y pedir una cerveza, un café, un vaso de licor que me caldee; la suerte de presionar con un dedo sobre un pezón, retirarlo y presenciar como al instante recupera su oscura forma de timbre; la suerte de lanzar aros de humo con la boca, contemplarlos un segundo avanzando erraticos, ampulosos, en el aire hasta temblar, volatilizarse, desaparecer hacia nadie sabe dónde; la suerte de calzarse unas botas nuevas, salir de excursión y saltar incansable por peñascos, torrenteras y bancales; la suerte de plantearse cuestiones trascendentes, subsumir la realidad y sus condimentos en variopintas categorías, exponerlas, barajarlas, sopesarlas y, al final, no entender nada de nada; la suerte de asomarse una mañana al patio y sorprender a una hermosa vecina tendiendo laboriosa la colada, y que su mirada entre de pronto en colisón con la tuya y sonría y tu también sonrias y sea jueves; la suerte de andar por una plaza y que te aborde un extraño de dudoso aspecto para contarte una historia carcelaria e increíble, y acabar dandole pasta, saber que te ha engañado y da lo mismo. La suerte de jugar un partido de fútbol, correr la banda siete veces y agarrarte un buen mosqueo, ya que mucho chupón es lo que hay y nadie atiende a tus hábiles desmarques; la suerte de levantarse temprano un domingo, ducharte, vestirse e irse a un bar a tomar cañas y que al salir a la calle te cague encima un estornino; la suerte de zambullirse en el mar una tarde de verano, descender buceando hasta que tus pulmones digan basta, con una talonada iniciar aleteando el camino de vuelta, alcanzar la superfície y de una bocanada furiosa llenar el pecho de aire; la suerte de hacer patinar la punta de la lengua por la suave rampa de un vientre que deseas; la suerte de pensar en la persona amada, hacer interminables cábalas amorosas, y horas más tarde verla y sentir un tremendo boquete en la garganta. Sí, la suerte: la suerte de estar vivo; la suerte de poder contarlo.


**************** De este lado del silencio
**************** Jorge Juan Martínez

martes, 11 de mayo de 2010

Se acabó

Los días que sucedieron a aquel jueves los pasé contando los minutos, ideando las mil y una para arañar algo de tiempo que poder dedicarle. Estaba completamente embelesada con sus historias, sus viajes a sitios en los que yo nunca había estado, y a los que ahora me muero de ganas de ir.

No me apetecía hacer otra cosa. Todo mi tiempo libre era suyo. Fui consciente en todo momento de que estaba quemando etapas demasiado deprisa, que no podría volver atrás, que me acabaría arrepintiendo de haber corrido tanto, que cuando algo es tan bonito, hay que hacerlo durar... Pero no puedo evitarlo, siempre me pasa igual: puedo pasarme meses y meses sin ninguno, y sin echarlo de menos, ni necesitarlo. Pero en cuanto me lanzo soy completamente obsesiva.

Ansiaba llegar a casa y que no hubiera nadie más para poder estar en el sofá y disfrutar de su compañía. El ruido de las llaves abriendo la puerta y anunciando la presencia de alguien más en casa se asemejaba a una tortura. Hasta mañana, pensaba, mientras dentro de mí esperaba que fuera sólo hasta dentro de un rato.

Pero todo lo que empieza tiene que terminar, y cuando algo es tan intenso, suele terminarse antes. Esta vez ha sido especialmente intenso. Especialmente corto. Apenas un par de semanas. El viernes se acabó. Y ahora no me atrevo a lanzarme con el siguiente. Cuando uno me ha enganchado tanto, se que el siguiente, ni que sea por agravio comparativo, no va a estar a la altura.

El tiempo entre costuras es el mejor libro que he leído en mucho tiempo. Creo que M. estará de acuerdo conmigo...

lunes, 10 de mayo de 2010

Disfruta el movimiento


El mundo se mueve. Muy muy deprisa. O muy muy despacio. Depende del momento, de a que lo compares. Depende de lo que esperes. Pero se mueve. Y tú con él. No seas tan imbécil de no disfrutarlo.

El vídeo de Till Credner es un regalo que me hizo llegar la tarde de un viernes de una semana difícil alguien que hace mi particular viaje a Ítaca más ameno, más llevadero, más divertido. Una mañana de lunes me ha parecido tan buen momento como pudiera haberlo sido cualquier otro para compartir el vídeo con vosotros. Y para agradecérselo. A ver si logro la difícil tarea de arrancaros una sonrisa a todos un lunes a medio mañana.