Llevo días sin escribir, y sin pasarme, no me lo tengáis en cuenta, estoy medio mala, con un mal resfriado de verano de estos que van empeorando con los días, y además, estoy exiliada en mi fortaleza.
Mis primeros recuerdos de verano, están asociados con la playa, y con viajar. Cuando era pequeña, mis padres tenían una caravana, y mis tíos otra. Mi tía, mi madre, mis primos y yo pasábamos el verano instalados en un camping cercano a Barcelona, a pie de playa. Mi padre y mi tío venían los findes, o quizá entre semana, la verdad es que no lo recuerdo y me da pereza preguntar. Cuando ellos, los hombres, tenían vacaciones, desplantábamos las Roulottes y nos íbamos por las Españas. Mi prima mayor puede enumerar las vacaciones recordando los parques de los campings que visitábamos. Pero siempre volvíamos a la playa. Adoro a mis primos, especialmente a estos dos, hasta tal punto que, según me cuentan, de pequeña me preguntaban si quería hermanitos y respondía que no los necesitaba, que ya tenía a mis primos, pero como siempre, me voy por las ramas. En algún momento, supongo que mis padres y mis tíos decidieron sentar la cabeza, o algo parecido: se vendieron las caravanas y nos volvimos sedentarios. Ellos compraron una torre en un pueblo del interior, aunque no muy lejos de la costa, mis padres un apartamento en primera línea. Estábamos a media hora de coche, pero nos veíamos menos. Cambié a mis primos por amigos. Una de mis mejores amigas de toda la vida es una personita que “vivía” en el apartamento de al lado, y que un buen día asomó la cabeza por debajo del separador del balcón, para preguntar quién era, y si quería jugar con ella.
Cuando mis padres se divorciaron, mi padre se quedó con el apartamento, y con mi madre, empezamos a venir a veranear al apartamento de mis abuelos, en la misma costa, un par de pueblos más al sur. Así que hice nuevos amigos. Pasaba unos 15 días en cada pueblo, y, pese a tener buenos amigos en ambos sitios, y de conocer montones de gente (es fácil conocer gente en los pueblos costeros, todos venimos a divertirnos, a no pensar en nada) siempre tuve, he tenido, la sensación de estar un poco fuera de lugar en ambos lados.
Para mí, verano es sinónimo de playa, de sal, de horas de sol, de calor. Me gusta venir a exiliarme unos días, antes de que aparezcan todos mis amigos y conocidos y me obliguen a salir de fiesta noche tras noche, algo que, por otro lado, me encanta. Mi rutina de exiliada consiste en levantarme no muy tarde, a las 10, cuando tocan diana (independientemente de a la hora a la que hayas llegado, provocando, cuando esa hora es pleno día, un conflicto de intereses), desayunar pan tostado, algo que no hago normalmente en Barcelona, recoger mínimamente, ponerme el bikini, untarme en crema, bajar a la playa, tomar un poco el sol, dar un largo paseo hasta que las piernas dicen basta, volver a dónde has plantado la toalla, darte un baño, secarte al sol, subir a la piscina, pegarte unos largos cortos, que la piscina no da más, comer, leer y vegetar durante un par de horas, quizás tres, hasta que el sol deja de doler, y bajas otra vez a la piscina, al vóley cuando éramos más jóvenes, a dar una vuelta por el paseo, o al pueblo de al lado a ver tiendas, subir a cenar. El siguiente paso, varía si estoy en modo exiliada, o si toca socializar. En modo exilada, se trata de convencer a alguno de mis hermanos de que no salga, o requisar a mis abuelos si están (cada vez suben menos), y jugar una partida a cartas o al dominó. En modo sociable, implica salir, entresemana a tomar algo, el fin de semana (desde el jueves) de fiesta, que empieza en la playa o en el parque de botellón.
Seguramente, mi momento favorito es la hora de la siesta. Es mi favorito porque es el único que es mío. Ese calor que te aprieta el cuerpo, que no te deja hacer nada, a menudo, ni siquiera dormir. Es cuando cojo mi libro, el que sea en este momento, y lo devoro. Vivo por y para el personaje. Ahora son Lisbeth Salander y Mikael Bloomkvist, de Millenium, una saga mucho más adictiva que mediática, me temo. No me malinterpretéis, adoro las partidas de cartas con mi abuelo, las palizas de mi hermano, caminar pos la playa con mi madre. Adoro ver a mis niñas de año en año, y seguir cotilleando como cuando teníamos 15, me gustan hasta los gritos de la vecina, pero leer, tostándome en la terraza, me encanta, quizá, porque es lo único que realmente sólo hago en vacaciones, y lo que más echo en falta cuando vuelvo a la realidad de esa jaula de cemento en la que vivo y que tanto me gusta. Creo que acabo de tomar una decisión: quiero un piso con terraza al sol.
jueves, 30 de julio de 2009
sábado, 25 de julio de 2009
9 a.m.
Ayer tuve una cena de cumpleaños, no, esta vez no era del mío, creo que hemos acabado con mis celebraciones. Mi idea era retirarme pronto, porque hoy nos vamos de vacaciones, y había que medio madrugar. Me voy con mis padres(astros) y mis hermanos(astros) al mismo pueblo de playa donde llevo yendo casi 20 años. En el pueblo tengo muchos conocidos, y dos buenas amigas con las que últimamente coincidimos poco. Estaba preocupada porque necesito descansar, y si están estas petardas, no hay forma de quedarse una noche en casa. Ya no tengo 15 años, y a menudo prefiero una partida de algo que salir de fiesta hasta las 9 de la mañana.
Ayer, a las 00:17, cuando estábamos aún tomando una copa, con la risa floja, aprovechando para despedirme de alguna de mi gente de aquí, a la que no veré en casi un mes, me escribió una de ellas: su abuela ha muerto. Lleva todo el invierno enferma, así que ya sabíamos que iba a pasar, pero esta noche apenas he dormido. Es sábado, ayer llegue tarde y estoy escribiendo esto antes de que haya sonado ningún despertador, pese a que mi madre nos amenazó a mi hermana y a mí con toque de diana temprano. La iaia era una mujer encantadora, a la que veía de año en año, precisamente en verano, y precisamente en la playa. Cada año que pasaba te veía más guapa, más simpática, si ibas sin novio, siempre te decía que mejor, que ya tendriamos tiempo para eso. Se peleaba con su hija para que nos dejasen salir hasta más tarde, porque, según decía, eramos jovenes, y eso es lo que teníamos que hacer. Y siempre conseguia una hora más. Hace un par de años que echamos de menos a su marido. Este verano la echaremos de menos también a ella.
Ayer, a las 00:17, cuando estábamos aún tomando una copa, con la risa floja, aprovechando para despedirme de alguna de mi gente de aquí, a la que no veré en casi un mes, me escribió una de ellas: su abuela ha muerto. Lleva todo el invierno enferma, así que ya sabíamos que iba a pasar, pero esta noche apenas he dormido. Es sábado, ayer llegue tarde y estoy escribiendo esto antes de que haya sonado ningún despertador, pese a que mi madre nos amenazó a mi hermana y a mí con toque de diana temprano. La iaia era una mujer encantadora, a la que veía de año en año, precisamente en verano, y precisamente en la playa. Cada año que pasaba te veía más guapa, más simpática, si ibas sin novio, siempre te decía que mejor, que ya tendriamos tiempo para eso. Se peleaba con su hija para que nos dejasen salir hasta más tarde, porque, según decía, eramos jovenes, y eso es lo que teníamos que hacer. Y siempre conseguia una hora más. Hace un par de años que echamos de menos a su marido. Este verano la echaremos de menos también a ella.
jueves, 23 de julio de 2009
Roger
Ayer fui a ver a mi sobrino virtual. Virtual porqué le veo más online que en carne y hueso... y porqué no es mi sobrino. Es el hijo de mi mejor amiga de toda la vida, esa personita con la que creces, aprendes, te peleas, descubres... y de la que las circunstancias te van separando, pero no distanciando. La última vez que le vi, su proeza era aguantar el cuello erguido. Ahora casi anda. Su madre y yo nos conocemos desde los 3 años. Entramos juntas a lo que ahora sería P3, que en nuestra época y en nuestro colegio era maternal. Somos tocayas, así que los profes nos llamaban las laias, para ahorrarse trabajo. Dejaron de sentarnos juntas para que aprendiéramos a hablar por señas, o por notitas.
Yo era la inteligente, ella la lista. Hacíamos todas las trastadas que se le ocurrían, y ella se comía el marrón, porque a mí me creían incapaz, oabducida inducida, nunca lo he tenido muy claro. Estudiábamos juntas, entrenábamos juntas. Resultó que hasta nuestros apartamentos estaban cerca, con lo que también pasábamos juntas el verano. O al menos, la mitad de verano que yo pasaba con mi padre.
Mi primera gran borrachera no fue con ella, aunque la suya sí que fue conmigo. Ella era la de los mil novios, yo la que pensaba que mejor mantenerlos a raya. Fumaba porros cuando mi mayor locura era tomarme un par de chupitos de licor de frutas. Ella era la guapa, la simpática y la sociable. Yo era su amiga. Gracias a ella conocí a gente que nunca habría conocido. Me enseñó mucho de música, aunque no consiguió enseñarme a tocar. Aprendimos juntas lo que era un chat, y la de horas que se pueden perder delante de un ordenador, cuando ibamos a 56ks, contratando bonos de horas.
Fuimos culo y mierda hasta los 16, cuando ella decidió que no aguantaba más a las monjas y las hipocresías de un colegio en el que o salías muy entero, o salías destrozado. Nosotras salimos enteras, o al menos, eso creemos, aunque cada una a su manera. No tuvimos nuestro gran viaje de fin de curso. Yo me peleaba con mis padres para que me dejasen salir por las noches, ella se levantaba a las 5 para ir a currar los fines de semana. Seguíamos soñando con la misma vida, y en conjunto, pero creo que las dos teníamos claro que cada vez iba pareciendo más improbable.
A los 19 años, cuando yo me estaba dando con un canto en los dientes para aprobar Electrónica 1 en la universidad, y acababa de enamorarme por primera vez en mi vida, ella firmaba la primera hipoteca con el padre de mi sobrino. Ha estado en todos y cada uno de los momentos duros de mi vida, desde siempre. Creo que yo no he estado en todos los de la suya, pero durante una época, cada vez que aparecía su número en la pantalla del teléfono, le pedía que me diera tiempo a sentarme, no fuera a caerme de culo. Rupturas. Reconciliaciones. Nuevas hipotecas. Bebé. Boda. Me llamó para anunciarme el embarazo cuando mi gran hito era que había dejado de ser solamente alumna para convertirme en profesora.
No criaremos juntos a nuestros niños, como creíamos hace 10 años. Seguramente, si algún día me decido a tenerlos, el (los?) suyo(s?) podrá(n?) hacerles de canguro a los míos, pero al final, eso es lo que menos importa. Nos vemos muy poco, pese a que vivimos a poco más de media hora de tren o coche, pero cada vez que lo hacemos, si subo a verla, o si baja ella, tengo la sensación que, pese a las abismales distancias, no ha cambiado nada, que seguimos siendo las dos crías de 15 años que se pasaban el día juntas, y cuando llegaban a casa se tiraban dos horas al teléfono, colgaban y se gastaban el saldo mandando ese invento nuevo tan raro de los sms, con nuestros zapátofonos de colores. En su casa voy descalza, nos dedicamos a criticar todo lo que se nos ocurre, porque no necesitamos ponernos al día, mientras su marido da la comida al niño. Nos mandamos tonterías por el facebook, nos cotilleamos las fotos, se ha hecho un twitter cuando descubrió que yo estaba enganchada.
No entra mucho por aquí, pero le encanta como escribo, y es la persona que más me ha animado a que intente ganarme la vida con ello, quizás porqué sabe que ese era uno de mis sueños. Nos llamamos poco, pero siempre contestamos, y eso, eso sí es lo que importa.
Yo era la inteligente, ella la lista. Hacíamos todas las trastadas que se le ocurrían, y ella se comía el marrón, porque a mí me creían incapaz, o
Mi primera gran borrachera no fue con ella, aunque la suya sí que fue conmigo. Ella era la de los mil novios, yo la que pensaba que mejor mantenerlos a raya. Fumaba porros cuando mi mayor locura era tomarme un par de chupitos de licor de frutas. Ella era la guapa, la simpática y la sociable. Yo era su amiga. Gracias a ella conocí a gente que nunca habría conocido. Me enseñó mucho de música, aunque no consiguió enseñarme a tocar. Aprendimos juntas lo que era un chat, y la de horas que se pueden perder delante de un ordenador, cuando ibamos a 56ks, contratando bonos de horas.
Fuimos culo y mierda hasta los 16, cuando ella decidió que no aguantaba más a las monjas y las hipocresías de un colegio en el que o salías muy entero, o salías destrozado. Nosotras salimos enteras, o al menos, eso creemos, aunque cada una a su manera. No tuvimos nuestro gran viaje de fin de curso. Yo me peleaba con mis padres para que me dejasen salir por las noches, ella se levantaba a las 5 para ir a currar los fines de semana. Seguíamos soñando con la misma vida, y en conjunto, pero creo que las dos teníamos claro que cada vez iba pareciendo más improbable.
A los 19 años, cuando yo me estaba dando con un canto en los dientes para aprobar Electrónica 1 en la universidad, y acababa de enamorarme por primera vez en mi vida, ella firmaba la primera hipoteca con el padre de mi sobrino. Ha estado en todos y cada uno de los momentos duros de mi vida, desde siempre. Creo que yo no he estado en todos los de la suya, pero durante una época, cada vez que aparecía su número en la pantalla del teléfono, le pedía que me diera tiempo a sentarme, no fuera a caerme de culo. Rupturas. Reconciliaciones. Nuevas hipotecas. Bebé. Boda. Me llamó para anunciarme el embarazo cuando mi gran hito era que había dejado de ser solamente alumna para convertirme en profesora.
No criaremos juntos a nuestros niños, como creíamos hace 10 años. Seguramente, si algún día me decido a tenerlos, el (los?) suyo(s?) podrá(n?) hacerles de canguro a los míos, pero al final, eso es lo que menos importa. Nos vemos muy poco, pese a que vivimos a poco más de media hora de tren o coche, pero cada vez que lo hacemos, si subo a verla, o si baja ella, tengo la sensación que, pese a las abismales distancias, no ha cambiado nada, que seguimos siendo las dos crías de 15 años que se pasaban el día juntas, y cuando llegaban a casa se tiraban dos horas al teléfono, colgaban y se gastaban el saldo mandando ese invento nuevo tan raro de los sms, con nuestros zapátofonos de colores. En su casa voy descalza, nos dedicamos a criticar todo lo que se nos ocurre, porque no necesitamos ponernos al día, mientras su marido da la comida al niño. Nos mandamos tonterías por el facebook, nos cotilleamos las fotos, se ha hecho un twitter cuando descubrió que yo estaba enganchada.
No entra mucho por aquí, pero le encanta como escribo, y es la persona que más me ha animado a que intente ganarme la vida con ello, quizás porqué sabe que ese era uno de mis sueños. Nos llamamos poco, pero siempre contestamos, y eso, eso sí es lo que importa.
miércoles, 22 de julio de 2009
BY-NC-ND
Me siento super mayor. Desde hace dos minutos, aproximadamente, el blog tiene una licencia Creative Commons BY-NC-ND bien incrustadita en el frame izquierdo.
Esto es un... mi ego no tiene limites. Lo que escribo es mío, si lo quieres publicar, genial, pero publicitame: línkame, nombrame, o algo, no te apropies el texto como tuyo, y sobretodo, no ganes pasta con ello, yo no lo hago! Pero si quieres hacerlo, tendrás quedarme algo a cambio negociarlo.
No sé para que la quiero, ni para que la necesito, pero se la he visto a YoMisma y no he podido resisitir la tentación!
Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas
3.0 España.
3.0 España.
Esto es un... mi ego no tiene limites. Lo que escribo es mío, si lo quieres publicar, genial, pero publicitame: línkame, nombrame, o algo, no te apropies el texto como tuyo, y sobretodo, no ganes pasta con ello, yo no lo hago! Pero si quieres hacerlo, tendrás que
No sé para que la quiero, ni para que la necesito, pero se la he visto a YoMisma y no he podido resisitir la tentación!
martes, 21 de julio de 2009
Una mujer perspicaz
- Sospechaba que me engañaba con la vecina.
- ¿Qué te hacía sospecharlo?
- Pues que me desía que se iba a hablá con el marío de la vecina.
- ¿Y no se llevaban bien?
- El marío era sordomudo! Y yo le preguntaba "pero que conversación vá a tené tu con ese hombre!" ...
- ¿Qué te hacía sospecharlo?
- Pues que me desía que se iba a hablá con el marío de la vecina.
- ¿Y no se llevaban bien?
- El marío era sordomudo! Y yo le preguntaba "pero que conversación vá a tené tu con ese hombre!" ...
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