Hace más de un año, una tarde de jueves, leí un post que me pareció brutal. Lo leía un día después de su publicación, así que no comenté, aunque lo compartí en Twitter. Acompañar. Habla del bien que hace sentir el apoyo y el cariño de los que te quieren en momentos difíciles. Yo soy esa clase de personas que consiguen que te rías en esos sitios tan fríos. Soy capaz de marcarme un pase a lo modelo profesional en una sala de espera de hospital con tal de arrancar una carcajada entre lágrimas, cuando creo que mis abrazos ya no son suficientes.
La lectura me hizo pensar en muchas cosas, incluyendo un post que tenía en la recámara, y que me dio por publicar. Pero sobretodo, me dio por pensar que debería escribir sobre otro tipo de acompañamientos que son todavía más difíciles. Y quizá incluso más agradecidos.
A veces, no sólo hay que acompañar a los que se quedan, si no a los que se van. El azar, o el destino, o el simple paso del tiempo, hizo que esa semana lo hiciese de nuevo.
Una llamada de teléfono. "Tía María se muere". Cuelgas el teléfono, suspiras, sonríes. 90 años y cada día peor. Llevas más de un año sin verla con la eterna promesa de que el domingo siguiente encontrarás un hueco. No te sientes culpable. No tienes ganas de llorar. Sabes que este día tenía que llegar, y que no podía tardar. No corres. No hay nada que hacer. Ni siquiera despedirse. El día siguiente tienes cosas que hacer, y las haces. Si no llegas, no llegas. Ya hay alguien allí.
Al fin, día y medio después, te escapas. Dijeron que quizás no pasaba la noche y ahí está. Y la ves, y la besas, y la tocas. Y no sabes si siente o no siente, pero no puedes dejar de tocar, de acariciarla, de hablarle. Y acompañas a los que la acompañan. Y compartes recuerdos. Y sigues teniendo esa sensación de que no has llegado a conocerla todo lo bien que merecía. Todavía le quedaban cosas por contar, seguro. Pero ya no le quedaban cosas por vivir.
Hoy hace un año de aquella llamada, y no puedo evitar sonreír al pensar que todo el mundo debería morirse así. Con todo hecho.
viernes, 9 de noviembre de 2012
martes, 23 de octubre de 2012
Esfuerzo y sacrificio
- A veces, uno debe sacrificarse para conseguir lo que quiere. Y tú no tienes ni idea de lo que significa esa palabra.
- ¿Cómo que no? ¡Me he esforzado mucho! - Gritó, rabioso, con lágrimas en los ojos. -
- Sí, te esfuerzas muchísimo, y eso no puede negartelo nadie. - Sonrió y le besó tiernamente una lágrima.- Pero eso no significa que te sacrifiques.
- Pues... no sé qué más puedo hacer. - Respondió abatido -
- Cariño, esfuerzo y sacrificio no son lo mismo. Esfuerzo significa hacer todo lo que uno puede. O quizás un poco más, como tú. Sacrificio implica renunciar a hacer algo que uno quiere.
- ¿Cómo que no? ¡Me he esforzado mucho! - Gritó, rabioso, con lágrimas en los ojos. -
- Sí, te esfuerzas muchísimo, y eso no puede negartelo nadie. - Sonrió y le besó tiernamente una lágrima.- Pero eso no significa que te sacrifiques.
- Pues... no sé qué más puedo hacer. - Respondió abatido -
- Cariño, esfuerzo y sacrificio no son lo mismo. Esfuerzo significa hacer todo lo que uno puede. O quizás un poco más, como tú. Sacrificio implica renunciar a hacer algo que uno quiere.
domingo, 16 de septiembre de 2012
Gracias, Javier Salvador
Esta es mi respuesta espontánea a un artículo de opinión publicado en un periódico de Almeria. LA he escrito desde la cama, aún con la mente sin despertar del todo, así que lo que escribo es sólo desde dentro. Desde lo que siento. Me gustaría que antes de leer mi texto, leyerais el artículo: Envidio a Cataluña
He explicado durante toda mi vida, a todo aquél que haya querido escucharme o leerme, desde siempre, lo que siento por mi tierra, por mis raíces, que al fin y al cabo, no es nada tan distinto de lo que siente la mayor parte de la gente por las suyas. Yo no era independentista porque creía que Cataluña tenía cabida dentro de un Estado español. No me volví con la crisis, como algunos apuntan, si tuviera que elegir una fecha, podría dar la de la sentencia del TC contra el Estatut, o un poco antes, cuándo mantuvieron a un juez con el mandato caducado para asegurarse la mayoría conservadora, o un poco antes, cuando en el Parlament se aprobó un Estatut de mínimos, pensando quizá que así lo aprobarían... La crisisi y la actitud de este gobierno sólo ha catalizado lo que llevamos tiempo sintiendo.
Yo hubiera podido sentirme española si España hubiera querido entender a Cataluña, pero no lo hace, no lo ha hecho. No nos entienden con nuestras diferencias culturales. El problema no son las personas, hay personas cojonudas en todas partes, personas cojonudas que entienden Cataluña, y personas cojonudas, que no la entienden porque la desconocen, pero lo peor de todo, no es toda esa gente que nos insulta, que hace del anti-catalanismo bandera electoral. El problema son todos los que se han quedado callados. Si este buen hombre hubiera escrito este artículo cada vez que alguno de sus políticos nos criticaba, si no hubiera tenido miedo a que le llovieran tortas por todos lados antes, si desde España, ese país al que pertenecemos, pero del que no nos sentimos parte, se nos hubiera defendido, no habríamos llegado aquí.
Es como cuando en el colegio el chulo de la clase se mete con el empollón de gafitas, unos cuantos le apoyan y hacen mofa de él porque además lleva aparatos... Y los demás, los buenos, miran a otro lado, incluyendo profesores. El empollón de gafitas y aparatos, tiene dos opciones, defenderse o aprender a hacerse fuerte, ignorarlo y hacerse mayor. Si opta por la segunda opción, acabará convirtiéndose en un adulto inteligente que sabe lo que quiere.
Pues eso somos. Antiguos empollones con gafitas que crecimos como pudimos ignorando un problema, esperando que cuando nos hiciéramos mayores todos, los chulitos dejaran de molestarnos. Lo que no vamos a permitir, es que en una cena de ex-alumnos, vuelvan a tratarnos igual. No estamos para que nos sigan dando collejas a nuestros años.
Gracias, Javier. Si todos los que piensan como tú hubieran hablado más fuerte (o simplemente hablado) antes, si alguien con sentido común hubiera roto una lanza a nuestro favor hace tiempo, si hubiéramos sentido que el resto de España se nos valoraba, si hubiéramos sentido no ya la admiración que nos profesas, si no al menos, un poco de respeto, nunca hubiéramos llegado hasta aquí.En parte también quiero que este escrito sirva de respuesta a mi querida Kashit0, al hilo del comentario en el anterior post en que explicaba por qué me manifiesto, y en definitiva, por qué quiero la independencia. No porque sea ella, si no porque es el único comentario contrario a la independencia formulado con respeto. Dice que le da mucha pena que no queramos seguir con ellos, mucha rabia que les rechacemos así. Y esto, pequeña, es exactamente lo que siento yo cada vez que algún gilipollas abre la boca en público insultándonos, diciendo mentiras como que aquí se persigue a los que hablan castellano, riéndose de nuestros incendios o diciendo que es Extremadura quien rescata a Cataluña, cuando el dinero que hemos pedido es menos que el dinero que está presupuestado y no transferido en los últimos dos años (expolios fiscales aparte), cuando se nos acusa de fascistas e intolerantes y cuando se nos exige que nos sintamos no Españoles, si no Castellanos. Tampoco entiendo que siendo la región que más riqueza aporte, en lugar de copiar nuestro modelo, o aceptar nuestros consejos, se intente cambiar, y se desprecie. Al fin y al cabo, cuando Europa nos "presta" dinero, sí le hacemos caso, ¿por qué no aplica lo mismo para nosotros?
Pero siento que ya es tarde. Estos días, en mis círculos más íntimos, los más radicales, los más didácticos, los que más argumentamos y hacemos por nuestra futura independencia somos descendientes de emigrantes, algunos incluso castellanohablantes, otrora defensores de un modelo integrador, federelista, que ya no vemos viable. Es demasiado tarde para confiar en la buena voluntad de una España que, cuanto menos, ha ignorado los ataques reiterados hacia nuestro pueblo. Duele tanto el agravio cómo la pasividad ante el mismo. Años y años de anti-catalanismo como leit-motiv (electoralista, o no) no se resuelven con un artículo amable, aunque salga de dentro y se agradezca de corazón.
Gracias por entendernos, por admirarnos, espero que podamos convertirnos en buenos vecinos.
He explicado durante toda mi vida, a todo aquél que haya querido escucharme o leerme, desde siempre, lo que siento por mi tierra, por mis raíces, que al fin y al cabo, no es nada tan distinto de lo que siente la mayor parte de la gente por las suyas. Yo no era independentista porque creía que Cataluña tenía cabida dentro de un Estado español. No me volví con la crisis, como algunos apuntan, si tuviera que elegir una fecha, podría dar la de la sentencia del TC contra el Estatut, o un poco antes, cuándo mantuvieron a un juez con el mandato caducado para asegurarse la mayoría conservadora, o un poco antes, cuando en el Parlament se aprobó un Estatut de mínimos, pensando quizá que así lo aprobarían... La crisisi y la actitud de este gobierno sólo ha catalizado lo que llevamos tiempo sintiendo.
Yo hubiera podido sentirme española si España hubiera querido entender a Cataluña, pero no lo hace, no lo ha hecho. No nos entienden con nuestras diferencias culturales. El problema no son las personas, hay personas cojonudas en todas partes, personas cojonudas que entienden Cataluña, y personas cojonudas, que no la entienden porque la desconocen, pero lo peor de todo, no es toda esa gente que nos insulta, que hace del anti-catalanismo bandera electoral. El problema son todos los que se han quedado callados. Si este buen hombre hubiera escrito este artículo cada vez que alguno de sus políticos nos criticaba, si no hubiera tenido miedo a que le llovieran tortas por todos lados antes, si desde España, ese país al que pertenecemos, pero del que no nos sentimos parte, se nos hubiera defendido, no habríamos llegado aquí.
Es como cuando en el colegio el chulo de la clase se mete con el empollón de gafitas, unos cuantos le apoyan y hacen mofa de él porque además lleva aparatos... Y los demás, los buenos, miran a otro lado, incluyendo profesores. El empollón de gafitas y aparatos, tiene dos opciones, defenderse o aprender a hacerse fuerte, ignorarlo y hacerse mayor. Si opta por la segunda opción, acabará convirtiéndose en un adulto inteligente que sabe lo que quiere.
Pues eso somos. Antiguos empollones con gafitas que crecimos como pudimos ignorando un problema, esperando que cuando nos hiciéramos mayores todos, los chulitos dejaran de molestarnos. Lo que no vamos a permitir, es que en una cena de ex-alumnos, vuelvan a tratarnos igual. No estamos para que nos sigan dando collejas a nuestros años.
martes, 11 de septiembre de 2012
Por qué me manifiesto
Hace 3 años escribía en este mismo blog que a mí, la Diada me dejaba indiferente. Que me emocionaban las canciones que hablaban de mi tierra, pero que la fecha en si, me parecía triste y gris. El post no gustó y escribí Un Post Polémico, tratando de explicar qué es la Diada para nosotros, los catalanes. O qué era hasta ahora.
Finales de 2009 fue un año duro para la Dignidad de Catalunya. Con la sentencia del Tribunal Constitucional, se hacía plausible una vez más que España no nos endendía. O no quería entendernos. También fue un año duro para la ciencia. Estábamos sufriendo los que creíamos que eran los peores recortes que veríamos, pero pronto descubrimos que se quedaban cortos.
Hoy, quiero explicaros a todos, por qué la Diada ha adquirido para mi, y para miles (millones!) de catalanes, otro sentido. Por qué me manifiesto. No es un sentimiento nuevo. Hace dos años ya salimos a la calle más de un millón. Y este año seremos más.
Yo voy, y esto es obvio, porque quiero una Catalunya independiente. Porque ya no aguanto más, porque estoy cansada de pertenecer a un sitio dónde creo que no se me quiere. Porque en plena crisis, el Expolio Fiscal es insoportable. Porque tenemos que pedir prestado el dinero que se nos debe y los mercados (oh, los mercados! Esos entes...) no se fían de nosotros. Porque encima se ríen , cuando en verdad, nos están dando la razón: España no nos sale a cuenta. Y lo dice un economista casi nada conocido. Catalán, eso sí. Porque Mariano no entiende nada, y no quiere entender y siguen apretando.
Por mi abuelo, que pese a descender de un capitán Carlista de los que vinieron hace 300 años, y ser católico, se fue con 17 años con los rojos, a defender la tierra que quería y la república en la que creía. Por los siete años de juventud que le robaron. Y por mi abuela, que pese a estar casada con uno, creyó toda su vida que los rojos eran demonios con cola; porque pese a ser franquista y hablar un castellano infame en los círculos finos, hablaba en catalán a sus hijos.
Por mi otra abuela, que nació en post-guerra y nunca conoció otra cosa que el franquismo hasta que al Caudillo le dio por morirse. Que siempre ha sentido Catalunya como su tierra, pese a que nunca la ha conocido libre. Por mi abuelo, gallego y pepero confeso, que está tan cansado de los recortes, y de lo mal que lo están haciendo que nos felicita cuando vamos de manifestación. Quiero creer que incluso de ésta. Por mi tía abuela, que recuerda cánticos que nunca deberíamos haber olvidado.
Por mis tíos, que pese a sus diferencias de edades, y sus ideologías políticas dispares, creen que esto es lo mejor para nosotros. Por mis primos y tíos jovenes, que llevaran a sus hijos a vivir un día histórico.
Por mis padres, que corrieron delante de los grises muchas veces, para conseguir una democracia que no les ha dado todo lo que debería. Ellos corrían y encontraban casquillos de bala. Nosotros encontramos gilipollas y oportunistas.
Por mi hermana, que pese a creer que la política no va con ella, y no haber pisado una mani desde que cumplió la mayoría de edad, pese a creer que todas acaban a hostias, se ha convencido y viene conmigo.
Por todos los políticos que quieren apropiarse de ésto, cuando son parte del problema. Y por todos los que la ningunean.
Por mis amigos castellanoparlantes anti-manifestaciones, que me han llamado para venir conmigo a esta. Por todos los que no vienen porque creen que estamos equivocados en las conclusiones, pese a estar de acuerdo en los argumentos.
Por España, porque la quiero, la respeto, y creo que hemos hecho todo lo que podíamos para encajar, pero no lo hemos conseguido. Es una relación rota. No creo ya que el federalismo o un pacto fiscal sean posibles. Dejémonos en paz, y sigamos cada uno nuestro camino, como iguales.
Por mi, mi pareja y mis amigos, porque todos nos planteamos seguir a nuestros amigos emigrados. Porque yo, quiero emigrar, dejar este país que nos niega un futuro digno, pero con mi tierra a cuestas.
Finales de 2009 fue un año duro para la Dignidad de Catalunya. Con la sentencia del Tribunal Constitucional, se hacía plausible una vez más que España no nos endendía. O no quería entendernos. También fue un año duro para la ciencia. Estábamos sufriendo los que creíamos que eran los peores recortes que veríamos, pero pronto descubrimos que se quedaban cortos.
Hoy, quiero explicaros a todos, por qué la Diada ha adquirido para mi, y para miles (millones!) de catalanes, otro sentido. Por qué me manifiesto. No es un sentimiento nuevo. Hace dos años ya salimos a la calle más de un millón. Y este año seremos más.
Yo voy, y esto es obvio, porque quiero una Catalunya independiente. Porque ya no aguanto más, porque estoy cansada de pertenecer a un sitio dónde creo que no se me quiere. Porque en plena crisis, el Expolio Fiscal es insoportable. Porque tenemos que pedir prestado el dinero que se nos debe y los mercados (oh, los mercados! Esos entes...) no se fían de nosotros. Porque encima se ríen , cuando en verdad, nos están dando la razón: España no nos sale a cuenta. Y lo dice un economista casi nada conocido. Catalán, eso sí. Porque Mariano no entiende nada, y no quiere entender y siguen apretando.
Por mi abuelo, que pese a descender de un capitán Carlista de los que vinieron hace 300 años, y ser católico, se fue con 17 años con los rojos, a defender la tierra que quería y la república en la que creía. Por los siete años de juventud que le robaron. Y por mi abuela, que pese a estar casada con uno, creyó toda su vida que los rojos eran demonios con cola; porque pese a ser franquista y hablar un castellano infame en los círculos finos, hablaba en catalán a sus hijos.
Por mi otra abuela, que nació en post-guerra y nunca conoció otra cosa que el franquismo hasta que al Caudillo le dio por morirse. Que siempre ha sentido Catalunya como su tierra, pese a que nunca la ha conocido libre. Por mi abuelo, gallego y pepero confeso, que está tan cansado de los recortes, y de lo mal que lo están haciendo que nos felicita cuando vamos de manifestación. Quiero creer que incluso de ésta. Por mi tía abuela, que recuerda cánticos que nunca deberíamos haber olvidado.
Por mis tíos, que pese a sus diferencias de edades, y sus ideologías políticas dispares, creen que esto es lo mejor para nosotros. Por mis primos y tíos jovenes, que llevaran a sus hijos a vivir un día histórico.
Por mis padres, que corrieron delante de los grises muchas veces, para conseguir una democracia que no les ha dado todo lo que debería. Ellos corrían y encontraban casquillos de bala. Nosotros encontramos gilipollas y oportunistas.
Por mi hermana, que pese a creer que la política no va con ella, y no haber pisado una mani desde que cumplió la mayoría de edad, pese a creer que todas acaban a hostias, se ha convencido y viene conmigo.
Por todos los políticos que quieren apropiarse de ésto, cuando son parte del problema. Y por todos los que la ningunean.
Por mis amigos castellanoparlantes anti-manifestaciones, que me han llamado para venir conmigo a esta. Por todos los que no vienen porque creen que estamos equivocados en las conclusiones, pese a estar de acuerdo en los argumentos.
Por España, porque la quiero, la respeto, y creo que hemos hecho todo lo que podíamos para encajar, pero no lo hemos conseguido. Es una relación rota. No creo ya que el federalismo o un pacto fiscal sean posibles. Dejémonos en paz, y sigamos cada uno nuestro camino, como iguales.
Por mi, mi pareja y mis amigos, porque todos nos planteamos seguir a nuestros amigos emigrados. Porque yo, quiero emigrar, dejar este país que nos niega un futuro digno, pero con mi tierra a cuestas.
miércoles, 25 de julio de 2012
Res-cat
Leído en Facebook y atribuido a Paco Cavaller, estudiante de periodismo y económicas:
En Cataluña cada vez es más la gente que clama por la independencia. Lo cierto es que somos una minoría los que nos sentimos, ante todo, españoles, pero de lo que no cabe la menor duda es de que, si nos centramos en los intereses puramente económicos y dejamos de lado el sentimiento, a Cataluña le conviene la independencia.
Escribo esto porque estos días se han leído muchos tuits y comentarios de 'tontos españolitos de a pie' que se han descojonado literalmente de Cataluña, ya sea por el gravísimo incendio que ha sufrido su tierra como por el anuncio de que la comunidad autónoma recurre al plan de rescate ofrecido por el Gobierno central español. La frase "cuando os conviene bien que sois españoles" me ha calado hondo y me ha hecho encenderme y replantearme muchas cosas.
Yo me siento español, pero hasta cierto punto. Llevo años aceptando que un extremeño (pobres, pagan el pato de ser siempre el ejemplo) se vaya de Erasmus con un 5 y yo en Barcelona necesite ser un erudito para ello, pero lo que no estoy dispuesto a aceptar es que se rían de que pidamos ayuda al Ejército español, porque NO HARÍA FALTA SI TUVIÉRAMOS EJÉRCITO PROPIO. No voy a consentir que se rían de que "España" nos rescate, porque esa España está rescatando en parte gracias a Cataluña, porque AUNQUE NO SE LE HAYA LLAMADO RESCATE, CATALUÑA LLEVA AÑOS RESCATANDO A MUCHO ESPAÑOL, CURRANDO Y CALLANDO COMO PUTAS. Y no pienso soportar que me venga un vago español a reirse de la que es, siempre ha sido y siempre será mi tierra, mi pueblo. Porque yo soy español lo primero, después catalán, pero sobre todo defensor de la VERDAD.
En Cataluña cada vez es más la gente que clama por la independencia. Lo cierto es que somos una minoría los que nos sentimos, ante todo, españoles, pero de lo que no cabe la menor duda es de que, si nos centramos en los intereses puramente económicos y dejamos de lado el sentimiento, a Cataluña le conviene la independencia.
Escribo esto porque estos días se han leído muchos tuits y comentarios de 'tontos españolitos de a pie' que se han descojonado literalmente de Cataluña, ya sea por el gravísimo incendio que ha sufrido su tierra como por el anuncio de que la comunidad autónoma recurre al plan de rescate ofrecido por el Gobierno central español. La frase "cuando os conviene bien que sois españoles" me ha calado hondo y me ha hecho encenderme y replantearme muchas cosas.
Yo me siento español, pero hasta cierto punto. Llevo años aceptando que un extremeño (pobres, pagan el pato de ser siempre el ejemplo) se vaya de Erasmus con un 5 y yo en Barcelona necesite ser un erudito para ello, pero lo que no estoy dispuesto a aceptar es que se rían de que pidamos ayuda al Ejército español, porque NO HARÍA FALTA SI TUVIÉRAMOS EJÉRCITO PROPIO. No voy a consentir que se rían de que "España" nos rescate, porque esa España está rescatando en parte gracias a Cataluña, porque AUNQUE NO SE LE HAYA LLAMADO RESCATE, CATALUÑA LLEVA AÑOS RESCATANDO A MUCHO ESPAÑOL, CURRANDO Y CALLANDO COMO PUTAS. Y no pienso soportar que me venga un vago español a reirse de la que es, siempre ha sido y siempre será mi tierra, mi pueblo. Porque yo soy español lo primero, después catalán, pero sobre todo defensor de la VERDAD.
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