Els temps han canviat:
Ara som les princeses les que ens mengem als dracs.
Sant Jordi remasterizado
Los tiempos han cambiado:
Ahora somos las princesas las que nos comemos a los dragones.
martes, 23 de abril de 2013
domingo, 21 de abril de 2013
Llamadas y abrazos
Recuerdo una vez, de pequeña en el que el teléfono sonó por la mañana, un poco demasiado pronto. Estaba en la cama de mi madre, como casi siempre. Pregunté qué pasaba. "La abuela". No dijo nada más, no pregunté nada más. Me dio un beso, me arropó y yo debería haberme dormido un rato más, pero por alguna extraña razón, no lo hice. Ella se quedó sentada.
Un rato después, mi abuela apareció por la puerta, cómo cada mañana. No entendí nada. Creía que había llamado para decir que hoy no podría llevarme al colegio.
Mis recuerdos a partir de ahí son difusos. El que había llamado era mi tío, para decir que mi otra abuela había muerto esa noche.
Era mi primer contacto cercano con la muerte. El descubrimiento de que las personas a las que tu quieres, y con las que compartes tus rutinas, mueren.
Recuerdo el abrazo de mi madre. Un abrazo más largo que fuerte del que intenté zafarme, pero en el que me retuvo hasta que la rabia y la incredulidad dejaron paso al dolor.Todavía hoy no se si ese abrazó me sirvió más a mi o a ella.
El tiempo pasa y aprendes a recibir llamadas. A veces incluso eres tu quién tiene que hacerlas. Y con cada una de esas llamadas entiendes un poco más la necesidad de ese abrazo, que no soluciona nada, que no mitiga el dolor, pero que es lo único realmente sincero que puede hacerse cuando no puede hacerse nada.
Para mi querido amigo S., que hoy necesitará abrazos.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Transportistas
8:30. La sujeto recibe un mail:
12:30. La sujeto recibe una llamada
Su pedido ha cambiado al estado En tránsito el día 27/03/2013
La agencia de transportes contactará con usted para realizar la entrega.
El plazo aproximado es de 2-3 días.
12:30. La sujeto recibe una llamada
- Hola buenas, estoy en la puerta y no hay nadie...Y luego nos quejamos de falta de eficiencia...
- No, estoy en el trabajo... Me dijeron que llamarían para concertar la entrega. ¿Pueden venir mañana?
- ¿Y no hay nadie que pueda recibirlo?
- Bueno, podría haber alguien en una hora o así. ¿No pueden venir mañana?
- Mmm... una hora... ¿y por la tarde?
- A partir de las 5 o así.
- Mmm, es muy tarde, ¿podemos venir mañana?
- Sí, mañana, ok.
lunes, 24 de diciembre de 2012
Bon Nadal! / Feliz Navidad!
Que aquests temps difícils no ens treguin la il.lusió de fer una mica mes feliços, com a mínim uns dies a l'any, aquells que ens rodegen.
No deixeu que la crisi ens estafi: guarniu la casa, emboliqueu caixes de galetes, regaleu somriures! I sobretot... sigueu feliços!
Bon Nadal!
__________________________________________
Que estos tiempos difíciles no nos quiten la ilusión de hacer un poco más felices, por lo menos durante unos por días, a aquellos que nos rodean.__________________________________________
Que la crisis no nos estafe: decorad vuestras casa, envolved cajas de galletas, regalad sonrisas. Y sobretodo, sed felices!
¡Feliz Navidad!
viernes, 9 de noviembre de 2012
Acompañando
Hace más de un año, una tarde de jueves, leí un post que me pareció brutal. Lo leía un día después de su publicación, así que no comenté, aunque lo compartí en Twitter. Acompañar. Habla del bien que hace sentir el apoyo y el cariño de los que te quieren en momentos difíciles. Yo soy esa clase de personas que consiguen que te rías en esos sitios tan fríos. Soy capaz de marcarme un pase a lo modelo profesional en una sala de espera de hospital con tal de arrancar una carcajada entre lágrimas, cuando creo que mis abrazos ya no son suficientes.
La lectura me hizo pensar en muchas cosas, incluyendo un post que tenía en la recámara, y que me dio por publicar. Pero sobretodo, me dio por pensar que debería escribir sobre otro tipo de acompañamientos que son todavía más difíciles. Y quizá incluso más agradecidos.
A veces, no sólo hay que acompañar a los que se quedan, si no a los que se van. El azar, o el destino, o el simple paso del tiempo, hizo que esa semana lo hiciese de nuevo.
Una llamada de teléfono. "Tía María se muere". Cuelgas el teléfono, suspiras, sonríes. 90 años y cada día peor. Llevas más de un año sin verla con la eterna promesa de que el domingo siguiente encontrarás un hueco. No te sientes culpable. No tienes ganas de llorar. Sabes que este día tenía que llegar, y que no podía tardar. No corres. No hay nada que hacer. Ni siquiera despedirse. El día siguiente tienes cosas que hacer, y las haces. Si no llegas, no llegas. Ya hay alguien allí.
Al fin, día y medio después, te escapas. Dijeron que quizás no pasaba la noche y ahí está. Y la ves, y la besas, y la tocas. Y no sabes si siente o no siente, pero no puedes dejar de tocar, de acariciarla, de hablarle. Y acompañas a los que la acompañan. Y compartes recuerdos. Y sigues teniendo esa sensación de que no has llegado a conocerla todo lo bien que merecía. Todavía le quedaban cosas por contar, seguro. Pero ya no le quedaban cosas por vivir.
Hoy hace un año de aquella llamada, y no puedo evitar sonreír al pensar que todo el mundo debería morirse así. Con todo hecho.
La lectura me hizo pensar en muchas cosas, incluyendo un post que tenía en la recámara, y que me dio por publicar. Pero sobretodo, me dio por pensar que debería escribir sobre otro tipo de acompañamientos que son todavía más difíciles. Y quizá incluso más agradecidos.
A veces, no sólo hay que acompañar a los que se quedan, si no a los que se van. El azar, o el destino, o el simple paso del tiempo, hizo que esa semana lo hiciese de nuevo.
Una llamada de teléfono. "Tía María se muere". Cuelgas el teléfono, suspiras, sonríes. 90 años y cada día peor. Llevas más de un año sin verla con la eterna promesa de que el domingo siguiente encontrarás un hueco. No te sientes culpable. No tienes ganas de llorar. Sabes que este día tenía que llegar, y que no podía tardar. No corres. No hay nada que hacer. Ni siquiera despedirse. El día siguiente tienes cosas que hacer, y las haces. Si no llegas, no llegas. Ya hay alguien allí.
Al fin, día y medio después, te escapas. Dijeron que quizás no pasaba la noche y ahí está. Y la ves, y la besas, y la tocas. Y no sabes si siente o no siente, pero no puedes dejar de tocar, de acariciarla, de hablarle. Y acompañas a los que la acompañan. Y compartes recuerdos. Y sigues teniendo esa sensación de que no has llegado a conocerla todo lo bien que merecía. Todavía le quedaban cosas por contar, seguro. Pero ya no le quedaban cosas por vivir.
Hoy hace un año de aquella llamada, y no puedo evitar sonreír al pensar que todo el mundo debería morirse así. Con todo hecho.
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